Un puñado de almendras

24 siano que llevó su proyecto evangelizador a los pueblos originarios. Esa historia vivimos, con ese patrimonio de doctrina hemos llegado a ser quienes somos. Pero la memoria es más fuerte. Hace unos años, en el contexto de una Recuperación territorial, el Estado expuso suspicacias respecto de la mapuchidad de quienes recuperaban. El argumento que usó para levantar sospechas fue la ausencia de la lengua. La dimensión identitaria puesta bajo sospecha. El mismo Estado que dispuso políticas de exterminio y borramien- to de lo elemental en las identidades de su «otro inter- no», exige ahora lo que ha vedado. Para dar aval de legi- timidad pregunta tendenciosamente por lo que antes ha prohibido. Es una gran perversión y una paradoja de la historia. Dejo esto por aquí, en tanto elemento discursivo que responde a la lógica de los detractores, pero no de nosotros, y porque no entre nosotros. Nosotros nos me- recemos relaciones de respeto y paciencia y un levanta- miento urgente del mapudungun. Solo así regresaremos. ¿Cómo podremos sentirnos los no hablantes, los que vamos en proceso lento? ¿Qué sentimos en las rogati- vas, cuando se nos traba la voz, en un momento en el que precisamente se entrega la palabra? Yo tuve la suer- te, en mi camino mapuche, de que quienes me acompa- ñan se dieran cuenta de esto y me digan: hágalo como pueda, lamngen, pero hágalo con el corazón, ellos van a escucharla. Esto, hasta que pueda hacerlo como corres-

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