Un puñado de almendras
231 ma de Chile de Gabriela Mistral. De esta manera, el libro fue adquiriendo un tono más narrativo de ficción, sin abandonar su forma poética. Terminé la escritura du- rante el verano del año 2018, casualmente en el mismo territorio en el que ahora habito, Valparaíso. De hecho, me dediqué a su edición en el Café República Indepen- diente de Playa Ancha, en mi barrio actual. Pienso que, en parte, Guerra florida es un libro co- lectivo. Su existencia tiene diversas colaboraciones que impulsaron su viaje alucinado. Pero también tiene des- plazamientos audiovisuales; antes de su presentación grabamos un videopoema en la calle 10 de Julio Hua- machuco con las artistas mapuche Neyen Pailamilla y Seba Calfuqueo, quienes asumieron los personajes de la guerrera y la diosa * . Aquel conjunto es parte de lo que soñé en mi ju- ventud, bruñido por la escritura, por el ritmo poético. Guerra florida es también una ficción sobre cómo lo su- cedido con la invasión puede ser alterado; hay infinitas formas de dislocar el relato colonial. Al menos en esas páginas, al margen de la historia oficial, hay una dio- sa travesti dispuesta a no abandonarte. Ese cuerpo me basta, ese cobijo es suficiente como encuentro. Cada vez que leo esos poemas, retorno y me sumer- jo en su atmósfera, intentando entender el impulso, el * El registro audiovisual puede verse en YouTube: «Daniela Catrileo - Guerra Florida» [6 mayo de 2018, 1:24 min].
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