Un puñado de almendras
228 cenas de la invasión colonial en el continente. Me había quedado dormida estudiando textos que contenían una aproximación crítica al problema de la colonización, principalmente cómo se han narrado y fetichizado los relatos sobre la otredad bajo el binomio de civilización/ barbarie * . Recordemos la cantidad de animales fantás- ticos, los delirios sexuales, las acusaciones por herejía; todo el desvío ideológico provocado por la intraducti- bilidad, saturado de prejuicios y afanes de dominación. De pronto, el mundo que antes existía se acabó y el con- tinente, con sus infinitas formas de vida, se colmó de un lenguaje que clasificaba bajo rótulos de: salvaje, animal, fantástico, indómito, explotable. A esta óptica ideológi- ca me refiero con la ficción indecible, la problematización de las imágenes instaladas en América. Exploro la idea de que la colonización es la instalación de un disposi- tivo de guerra de imaginarios e iconos. Juego con el ex- ceso de los signos y la transformación insólita de ellos a medida que avanza la ocupación. Ellos impusieron su propia ficción, cuya adminis- tración de la letra estuvo a manos de las empresas de dominación. Nuestra narrativa fue distorsionada. No obstante, quedan esquirlas orales, lenguas, códices, te- jidos, signos que parecen astillas, fragmentos que hoy * Me encontraba leyendo las cartas de Cristóbal Colón, fragmentos de La conquista de América: el problema del otro de T. Todorov y La Guerra de las Imágenes. De Cristóbal Colón a Blade Runner de S. Gruzinski.
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