Un puñado de almendras
220 mientos que impulsaban el encuentro. El almendro son sus flores cómplices ante la percepción poética. La consigna: lecturas que impulsan el encuentro Somos un tejido sensible. Afectamos a otrxs y otrxs nos afectan, como dice el filósofo Baruch Spinoza. Al menos dos ideas se desprenden de ello: la primera es que, por más que lo intentemos, no podemos fugarnos de la existencia en común; la segunda es que tampo- co podemos fugarnos de lo que percibimos con y en el cuerpo. Somos abertura de mundo, somos órgano de este mundo. Este acontecimiento dado por el encuentro nos transforma porque afirma una interdependencia, una relación anudada de la que no siempre somos ple- namente conscientes. Nos polinizamos: fibras, latidos, memorias. Hebra a hebra, filamento a filamento. La antropóloga Anna Lowenhaupt Tsing en su en- sayo La seta del fin del mundo, escribe que la contami- nación es colaboración. Nos dice que «estamos conta- minados por nuestros encuentros: estos cambian lo que somos en tanto que damos paso a otros. En la medida en que la contaminación transforma los proyectos de creación de mundos, pueden surgir mundos mutuos, y también nuevas direcciones. Todos tenemos un his- torial de contaminación: no cabe la pureza». Su tesis principal es que, para la supervivencia, en términos no
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