Un puñado de almendras
16 rrote, el estigma, la celda, los autos de fe. La poesía como un sencillo acto de fe. Escribimos poesía porque nos ha tocado esta forma concreta de amar y de defendernos. Epu Cuándo traer la palabra a la voz. Qué razón de vida tie- ne que haber detrás de los hilos que preparan el lengua- je; para sanar cuál estrago; desde qué memorias; sobre cuáles tiempos. Y para qué… ¿para qué? Cómo organi- zar el dolor de modo que sus sombras no intervengan el mensaje. Así se comunica con respeto, pero con verdad. Cosas como esas nos preguntamos antes de escribir poesía. No escribo aquí como poeta. No escribo aquí como mujer poeta. No escribo aquí como mujer poeta mapuche. Escribo aquí como parte de un pueblo. No podemos decir tibiamente «es poesía nomás», como quien quita fuerza. La palabra es a su modo un bastón o una varita mágica, aunque puede ser también un bate para la defensa. Siempre, la palabra, fue una forma de defensa. No solo para la gente mapuche sino para la gente sabia del mundo. La palabra-arma, la palabra-wiño. El silencio también, oportunamente. Por eso no podemos decir «es poesía nomás» si al- guien nos increpa por lo que escribimos. Como afirma- ba el Humpty Dumpty de Alicia en la obra de Carroll: cuando usamos una palabra la cargamos del sentido
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=