Un puñado de almendras
15 regados salvajemente por el veneno agrotóxico, o pri- vados del agua por las represas hidroeléctricas o los emprendimientos megamineros; con nuestros espíritus alterados por la construcción oscura y malintencionada que articula el poder desde sus redes virales acerca de lo que es hoy ser mapuche. Queremos compartir un relato desde la poesía sobre lo que triza nuestro corazón, lo que lo mantiene altivo, porque la poesía abreva también en el agua. La poesía permite hablar sobre eso porque nada es- capa a su inmenso potencial de acción y de sanación, de decidido amor, si es preciso. Y si todo eso toca a la poesía es porque lo que parece un asunto económico es para nosotros la trayectoria de un orden sagrado y no se reduce a la matemática en tér- minos de ganancia. Lo que puede parecer una discusión académica es el ejercicio de la desobediencia epistémica y no cabría en un paper. Lo que se niega a figurar bajo el rótulo de folklore es la vida, una experiencia que late y que si se detiene es un suspenso de mundo porque está desgarrado. Si algo de lo que leemos parece un asunto demasiado social es la percepción primaria en la histo- ria del asco, como si tanto dolor pudiera resumirse en alguna palabra. Lo que parece poesía es, como siempre lo entendieron los pueblos originarios de Abya Yala, una concepción del lenguaje como acción precisa, subsidiaria de un orden que va a sostenerse más allá de la bala, el ga-
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