Reordenamiento de los días
18 marse a una obra gruesa dejada al descubierto, una ventana por la cual mirar hacia el interior de su reorde- namiento . En su mayoría escritos en los noventa, estos textos prosiguen tanto los motivos como la tónica de publicación de trabajos anteriores: bien sabida es la demora que tuvo la publicación de La bandera de Chile , que ya circulaba en mimeógrafo el 81, y que fue publi- cada diez años después en Buenos Aires por la edito- rial Libros de Tierra Firme; o El orden de los días , que después de nueve años fue publicado en Roldanillo, Colombia, de la mano de Omar Rayo. Nace así la pre- gunta: ¿cuándo y dónde comienza un libro? Cuándo comienza, pero dónde termina, cuando los restos de una historia bastardeada siguen como raíz levantando las calles, echando pie en nuestras historias, haciéndo- nos tropezar incluso adentro de nuestras propias ca- sas. La dictadura supo reorganizar su herencia, y en nuestros días pareciera primar una confusión despro- vista de estrella. Una estrella cuya sombra aún nos des- lumbra los caminos, en medio de la desorientación del entretanto, cuando transitamos bajo el «movimiento isócrono de los días», como dice uno los poemas de este libro. Es este movimiento, el de un presente que gira en banda, el que se nos repite desde los tempranos años noventa, en un espacio a ratos poco reconocible que se traspapela en el presente y el pasado como una sola amalgama hecha de carne y de polvo. Como algu-
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