Lagar
98 La humillada Un pobre amor humillado arde en la casa que miro. En el espacio del mundo, lleno de duros prodigios, existe y pena este amor, como ninguno ofendido. Se cansa cuanto camina, cuanto alienta, cuanto es vivo, y no se rinde ese fuego, de clavos altos y fijos. Junto con los otros sueños, el sueño suyo Dios hizo y ella no quiere dormir de aquel sueño recibido. La pobre llama demente violento arde y no cansino, sin tener el viento oeste sin alcanzar el marino, y arde quieta, arde parada aunque sea torbellino. Mejor que caiga su casa para que ella haga camino y que marche hasta rodar en el pastal o en los trigos.
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