Lagar
99 Ella su casa la da como se entrega un carrizo; da su canción dolorida, da su mesa y sus vestidos. Pero ella no da su pecho ni el brazo al fuego extendido, ni la oración que le nace como un hijo, con vagido, ni el árbol de azufre y sangre cada noche más crecido, ¡que ya la alcanza y la lame tomándola para él mismo!
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