Lagar

97 Una mujer Donde estaba su casa sigue como si no hubiera ardido. Habla solo la lengua de su alma; con los que cruzan, ninguna. Cuando dice «pino de Alepo» no dice árbol que dice un niño y cuando dice «regato» y «espejo de oro», dice lo mismo. Cuando llega la noche cuenta los tizones de su casa o enderezada su frente ve erguido su pino de Alepo. (El día vive por su noche y la noche por su milagro). En cada árbol endereza al que acostaron en tierra y en el fuego de su pecho lo calienta, lo enrolla, lo estrecha.

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