Lagar

94 la letanía de todos los nombres que me aprendí, como ella vagabunda; pero el ángel oscuro nunca, nunca, quiso que yo la cruce en los senderos. Y tanto se la ignoran los caminos que suelo comprender, con largo llanto, que ya duerme del sueño fabuloso, mar sin traición y monte sin repecho, ni dicha ni dolor, no más olvido.

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