Lagar

89 Mujer de prisionero A Victoria Kent Yo tengo en esa hoguera de ladrillos, yo tengo al hombre mío prisionero. Por corredores de filos amargos y en esta luz sesgada de murciélago, tanteando como el buzo por la gruta, voy caminando hasta que me lo encuentro, y hallo a mi cebra pintada de burla en los anillos de su befa envuelto. Me lo han dejado como a barco roto, con anclas de metal en los pies tiernos; le han esquilado como a la vicuña su gloria azafranada de cabellos. Pero su ángel custodio anda la celda y si nunca lo ven es que están ciegos. Entró con él al hoyo de cisterna; tomó los grillos como obedeciendo; se alzó a coger el vestido de cobra, y se quedó sin el aire del cielo. El ángel gira moliendo y moliendo la harina densa del más denso sueño; le borra el mar de zarcos oleajes, le sumerge una casa y un viñedo, y le esconde mi ardor de carne en llamas, y su esencia, y el nombre que dieron.

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