Lagar

88 Hacia María pedía ir y hacia ella se iba, se iba, diciendo: ¡María!, solo eso, y volviendo a decir: ¡María! Y con tanto fervor llamaba que sin saberlo ella partía, soltando la hebra del hálito que su pecho no defendía. Ya iba los aires subiendo, ya «no era» y no lo sabía...

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