Lagar

74 por que no busque tanteando y se haga daño en las tinieblas. Los peldaños de sordo leño como cristales me resuenan. Yo sé en cuáles se descansa, y se interroga, y se contesta. Oigo donde los leños fieles, igual que mi alma, se le quejan, y sé el paso maduro y último que iba a llegar y nunca llega... Mi casa padece su cuerpo como llama que la retuesta. Siento el calor que da su cara —ladrillo ardiendo— contra mi puerta. Pruebo una dicha que no sabía: sufro de viva, muero de alerta, ¡y en este trance de agonía se van mis fuerzas con sus fuerzas! Al otro día repaso en vano con mis mejillas y mi lengua, rastreando la empañadura en el espejo de la escalera. Y unas horas sosiega mi alma hasta que cae la noche ciega. El vagabundo que lo cruza como fábula me lo cuenta. Apenas él lleva su carne, apenas es de tanto que era,

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