Lagar

75 y la mirada de sus ojos una vez hiela y otras quema. No le interrogue quien lo cruce; solo le digan que no vuelva, que no repeche su memoria, para que él duerma y que yo duerma. Mate el nombre que como viento en sus rutas turbillonea, ¡y no vea la puerta mía, recta y roja como una hoguera!

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