Lagar
71 La desasida En el sueño yo no tenía padre ni madre, gozos ni duelos, no era mío ni el tesoro que he de velar hasta el alba, edad ni nombre llevaba, ni mi triunfo ni mi derrota. Mi enemigo podía injuriarme o negarme Pedro, mi amigo, que de haber ido tan lejos no me alcanzaban las flechas: para la mujer dormida lo mismo daba este mundo que los otros no nacidos... Donde estuve nada dolía: estaciones, sol ni lunas, no punzaban ni la sangre ni el cardenillo del tiempo; ni los altos silos subían ni rondaba el hambre los silos. Y yo decía como ebria: ¡patria mía, patria, la patria! Pero un hilo tibio retuve —pobre mujer— en la boca, vilano que iba y venía por la nonada del soplo, no más que un hilo de araña o que un repunte de arenas.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=