Lagar

56 Los dos Cuando va acabando el día María Madre sin marcha ni senda, llega trayéndolo consigo. No hace ruta y siempre llega. Van llegando, blanquiazulados de crepúsculo o de ausencia, con los visos del eucalipto, y sin paso como la niebla. Madre María, hilos azules, salvia en rama, cosa ligera, nada dice, nada responde, me lo adelanta y me lo entrega. Se derriten las palabras, se me deshacen como la arena y en yéndose acuden otras que saltarán, ¡Dios mío!, de ella. Miguel y yo nos miramos como era antes, cuando la tierra, cuando la carne, cuando el tiempo, y la noche sin sus estrellas. Ella azulada como los vidrios parecida al agua quieta, dándole a mí, dándome a él, calla, alienta y reverbera.

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