Lagar

55 y el mamey un agrio ceño; en torpe desmaño cumplen loza, mantel, vino muerto, y los muros dan la espalda por no tocar lo protervo. Y ellos del ama reciben la respuesta de heno seco y su mirada perdida de pura ausencia y destierro. Por el caído y por mí, por habernos pecho a pecho, era esta cita nocturna en suelo y aire extranjeros, nuestra y de ninguno más, largo y sollozado encuentro. Para que él me lo dijese todo en río de silencio, en un rodar y rodar de cordillera en deshielo, y todo lo recibiese yo de su alma y de su cuerpo. Mirándoles y sin verles, espero el liberamiento: oír el último paso, el tropel de los lobeznos y ver que a purificar la mansión llega su dueño.

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