Lagar
54 Mesa ofendida A Margaret Bates A la mesa se han sentado, sin señal, los forasteros, válidos de casa huérfana y patrona de ojos ciegos; y al que es dueño de esta noche y esta mesa no le tengo, no le oigo, no le sirvo, no le doy su mango ardiendo. ¿A qué pasaron, a qué el umbral de roto espejo que del animal nocturno recogió el hedor y el peso, cuando belfos y pelambres los dicen sus compañeros? Mi soledad tengo a diestra en un escarchado helecho, y delante un pan ladeado de dos bandas de silencio, y mi balbuceo rueda, como las algas, sin eco. Nunca me he sentado a mesa de mayor despojamiento: la fruta es sin luz, los vasos llegan a las manos hueros. Tiene el pan de oro vergüenza
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