Lagar

53 Mi último árbol no está en la tierra, no es de semilla ni de leño, no se plantó, no tiene riegos. Soy yo misma mi ciprés, mi sombreadura y mi ruedo, mi sudario sin costuras, y mi sueño que camina árbol de humo y con ojos abiertos. En lo que dura una noche cayó mi sol, se fue mi día, y mi carne se hizo humareda que corta un niño con la mano. El color se escapó de mis ropas, el blanco, el azul, se huyeron y me encontré en la mañana vuelta un pino de pavesas. Ven andar un pino de humo, me oyen hablar detrás de mi humo y se cansarán de amarme, de comer y de vivir, bajo de triángulo oscuro falaz y crucificado que no cría más resinas y raíces no tiene ni brotes. Un solo color en las estaciones, un solo costado de humo y nunca un racimo de piñas para hacer el fuego, la cena y la dicha.

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