Lagar
51 y se me va apresurando el correr como al regato. Han de ponernos en valle limpio de celada y garfio, claros, íntegros, fundidos como en la estrella los radios, en la blanca geometría del dado junto del dado, como fuimos en la luz, el costado en el costado. Van a descubrirse juntos el sol y el Cristo velados, y a fundírsenos enteros en río de desagravio, rasgando mi densa noche, hebra a hebra y gajo a gajo, y aplacando con respuestas el grito de mi costado. Hacia ese mediodía y esa eternidad sin gasto, camino con cada aliento, sin la deuda del tardado, en este segundo cuerpo de yodo y sal devorado, que va de Gea hasta Dios rectamente como el dardo, ¡así ligero de ser solo el filo de un costado!
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