Lagar

50 ¿quién consigue que no vea con volverme, mi costado? Cargo la memoria viva en el tuétano envainado y a cada noche yo empino y vierto el profundo vaso, siendo yo misma la Hebe y siendo el vino que escancio. Me acuerdo al amanecer y cuando el mundo es soslayo, y subiendo y descendiendo los azules meridianos. Y a cada día camino lenta, lenta, por el diálogo en que la memoria mana a turnos con mi costado. Cuando me volví memoria y bajé a tiniebla y vaho, arañando entre madréporas y pulpos envenenados, volví sin él, pero traje, desde el Hades, como dádiva, la anémona que es de fuego de la verdad al costado. Ahora que supe puedo con lo que falta de tránsito: apenas tres curvas, tres blancas lejías de llanto

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