Lagar

49 Y ahora es el tantear con pobres ojos de ocaso, preguntando por mi senda a las bestias y a los pájaros, y el oír que la respuesta la dan el pinar o el traro. Otra vez la escarcha helada más dura que el aletazo y el rayo que va siguiéndome de fuego envalentonado, y la noche que se cierra en puño oscuro de tártaro. Ya no más su vertical como un paso adelantado abriéndome con su mástil los duros cielos de estaño y conjugando en la marcha el álamo con el álamo. Voy solo llevando el vaho o el hálito apareado, sin perfil ni coyunturas en que llega mi trocado, niebla de mar o de sierra, rasando dunas y pastos. Aunque el naranjal me dé, cuando cruzo, brazo y brazo, y se allegue el Cireneo o dé el niño un grito blanco,

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