Lagar
48 El costado desnudo A Inés María Muñoz Marín Otra vez sobre la tierra llevo desnudo el costado, el pobre palmo de carne donde el morir es más rápido y la sangre está asomada como a los bordes del vaso. Va el costado como un vidrio de sien a pies alargado o en el despojo sin voz del racimo vendimiado, y más desnudo que nunca, igual que lo desollado. Va expuesto al viento sin tino que lo befa sobre el flanco, y si duermo, queda expuesto a las malicias del lazo, sin el aspa de ese pecho y la torre de ese amparo. Marchábamos sin palabra, la mano dada a la mano, y hablaban las sangres nuestras en los pulsos acordados. Ahora llevo sin habla esa diestra, ese costado.
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