Lagar
40 El amor acudiría si ya se funde la helada, y por dar fe, luz y aire, hasta tocarla se abajan, aunque se vea tan solo a medio alzar las espaldas... Llegando están los trabajos menudos, pardos en banda, cargando en gibados gnomos teatinos, mimbres y lanas que ojean buscando manos todavía no arribadas... Y baja en un sesgo el ángel custodio de las moradas, volea la mano diestra, jurándole su alianza y se la entrega a la costa en alta virgen dorada. En torno al bendecidor hierven cien cosas trocadas: fiestas, bodas, nacimientos, risas, bienaventuranzas, y se echa una muerte grande, al umbral, atravesada...
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=