Lagar

41 Ocho perritos A Esteban Tomic Los perrillos abrieron sus ojos del treceavo al quinceavo día. De golpe vieron el mundo, con ansia, susto y alegría. Vieron el vientre de la madre, la puerta suya que es la mía, el diluvio de la luz, las azaleas floridas. Vieron más: se vieron todos, el rojo, el negro, el ceniza, gateando y aupándose, más vivos que las ardillas; vieron los ojos de la madre y mi grito rasgado, y mi risa. Y yo querría nacer con ellos. ¿Por qué otra vez no sería? Saltar de unos bananales una mañana de maravilla, en can, en coyota, en venada; mirar con grandes pupilas, correr, parar, correr, tumbarme y gemir y saltar de alegría, acribillada de sol y ladridos, hija de Dios, sierva oscura y divina.

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