Lagar
25 La huella Del hombre fugitivo solo tengo la huella, el peso de su cuerpo y el viento que lo lleva. Ni señales ni nombre, ni el país ni la aldea; solamente la concha húmeda de su huella; solamente esta sílaba que recogió la arena ¡y la tierra —Verónica— que me lo balbucea! Solamente la angustia que apura su carrera; los pulsos que lo rompen, el soplo que jadea, el sudor que lo luce la encía con dentera, ¡y el viento seco y duro que el lomo le golpea! Y el espinal que salta, la marisma que vuela, la mata que lo esconde, y el sol que lo confiesa, la duna que lo ayuda, la otra que lo entrega, ¡y el pino que lo tumba, y el Dios que lo endereza!
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=