Lagar

156 Dura lo que el parpadeo o el habla siseada. Me la gano de camino, la pierdo, arribada, o me suelto de ella cuando ya iba a ser salva, y sigo por soledades de Ismael sin patria. En otra parte yo fui de ella amamantada. Rondas trenzaron conmigo sus manos de agua. O la seguía lo mismo que oveja cebada, o me caía en el sueño como ave cazada... La miraba de hito en hito y ella me miraba. No había hora futura ni hora pasada y a nudo de madre e hija eso se igualaba. Tal vez se rompió en el mundo primero la Gracia y ahora cuesta jadeo y sangre ganarla. Mas sin ella me reseco de rostro y entrañas, y me vuelvo la cal muerta, la fruta pisada.

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