Lagar

157 II Pero a veces tres cruzamos los campos llamándola, desde que cae la noche al rasgón del alba. Nuestra carrera conturba a las desveladas y se llenan de memoria las desmemoriadas. Como quien suelta a una isla de noche, las barcas, por que de ella no se olviden en mesa ni almohada, yo le nombro a las dormidas la madre olvidada. Una noche hablan la lengua que con ella hablaban; pero en despertando vuelven a ser trascordadas.

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