Lagar

144 ahora el brazo en alto, ahora el pecho, y la mano de siembras, y la mano de riegos. Si acaso somos dignos de sentir, Padre Nuestro, que pasas y repasas la parva de alimentos. Y si yantan en torno boyadas y boyeros, y ya bebió el cabrito y el pájaro sediento. Al mediodía, Padre, en el azul acérrimo, ¡qué íntegro tu pecho, qué redondo tu reino!

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