Lagar
122 Sonetos de la poda I Poda de rosal En el rosal, zarpado y poderoso como Holofernes vegetal, entraron mis pulsos del acero iluminados a herir con seco golpe numeroso. Yacen bajo el rosal sus dolorosos miembros como algas de la marejada y entra la luz en madre alborotada por las ramas abiertas y dichosas. Tiene, como Roldán, setenta heridas el rosal mío y se las seca el viento, pero quedan mis manos, del violento, como por lengua de león lamidas... Caen y restan en la maravilla de un descanso perfecto abandonadas y grito al ver las dos ensangrentadas salamandras que tengo en las rodillas...
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