Lagar
111 y al umbral de nuestras casas los ahogados escupía, de no oírle y de no verle lentamente se moría, y en nuestras mejillas áridas sangre y ardor se sumían. Con tal de verlo saltar con su alzada de novilla, jadeando y levantando medusas y praderías, con tal de que nos batiese con sus pechugas salinas, y nos subiesen las olas aspadas de maravillas, pagaríamos rescate como las tribus vencidas y daríamos las casas, y los hijos y las hijas. Nos jadean los alientos como al ahogado en mina y el himno y el peán mueren sobre nuestras bocas mismas. Pescadores de ojos fijos le llamamos todavía, y lloramos abrazados a las barcas ofendidas.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=