Lagar
110 y donde mozos y mozas se daban bocas salinas, y en trenza de oro danzaban solo el ruedo de la vida, quedaron las madreperlas y las caracolas lívidas, y las medusas vaciadas de su amor y de sí mismas. Quedaban dunas fantasmas más viudas que la ceniza, mirando fijas la cuenca de su cuerpo de alegrías. Y la niebla, manoseando plumazones consumidas, y tanteando albatros muerto, rondaba como la Antígona. Mirada huérfana echaban acantilados y rías al cancelado horizonte que su amor no devolvía. Y aunque el mar nunca fue nuestro como cordera tundida, las mujeres cada noche por hijo se lo mecían. Y aunque al sueño él volease el pulpo y la pesadilla,
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=