Lagar
109 Muerte del mar A Doris Dana Se murió el mar una noche, de una orilla a la otra orilla; se arrugó, se recogió, como manto que retiran. Igual que albatros beodo y que la alimaña huida, hasta el último horizonte con diez oleajes corría. Y cuando el mundo robado volvió a ver la luz del día, él era un cuerno cascado que al grito no respondía. Los pescadores bajamos a la costa envilecida, arrugada y vuelta como la vulpeja consumida. El silencio era tan grande que los pechos oprimía, y la costa se sobraba como la campana herida. Donde él bramaba, hostigado del Dios que lo combatía, y replicaba a su Dios con saltos de ciervo en ira,
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