Lagar

108 La piedra de Paraibuna Entre hallazgos me encontré la piedra de Paraibuna. La moja el primer rocío y el sol primero la enjuga. Ella retuesta los quiscos y retuerce cacto y yuca. Parece mi cordillera abajada, sierva y junta. Parece Madre Elefanta, y el regazo que más dura y la voz que más aúpa. Parece el haz de una gloria, y el perdón de nuestras culpas, y de lo ancha que es, la noche, a ella no más arrebuja. Buena para hacer la ofrenda y alzar de lo alto su aleluya, para encender una hoguera u ofrecer desnudo un hijo o morir dando el espíritu de muerte aceptada y pura. Niños blanquean sus faldas; rey que pasa la saluda; la hebra de los indios muertos hasta el alba se la rondan, y mi desvelo la busca y la halla, marchando ciego.

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