Tala

92 El secreto maíz en vaina fresca hierve y hierve de unos crótalos y de unos hidromieles. El dios que lo consuma es dios que lo enceguece; le da forma de ofrenda por dársela ferviente; en voladores hálitos su júbilo disuelve. Y México se acaba donde el maizal muere. VII El pecho del maíz su fervor lo retiene. El ojo del maíz tiene el abismo breve. Su obsidiana se funde como una contranieve. El habla del maíz en valva y valva envuelve. Ley vieja del maíz, caída no perece, y el hombre del maíz se juega, no se pierde. Ahora es en Anáhuac y ya fue en el Oriente: ¡eternidades van y eternidades vienen!

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