Tala

84 tumbadores de las caobas y rompedor de araucarias. Aleluya por el tenerte para cosecha de las fábulas, alto ciervo que vio San Jorge de cornamenta aureolada y el fantasma del Viracocha, bulto de niebla, vaho de habla. ¡Por las noches nos acordamos de bestia negra y plateada, leona que era nuestra madre y de pie nos amamantaba! En los umbrales de mis casas, tengo tu sombra amoratada. Hago, sonámbula, mis rutas, en seguimiento de tu espalda, o devanándome en tu niebla o tanteándote el flanco de arca; y la tarde me cae al pecho en una madre desollada: ¡ancha pasión, por la pasión de hombros de hijos jadeada! ¡Carne de piedra de la América, halalí de piedras rodadas, sueño de piedra que soñamos, piedras del mundo pastoreadas; enderezarse de las piedras para juntarse con sus almas! ¡En el cerco del valle de Elqui,

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