Tala
61 sin traer llave que me conozca y candado que me obedezca. Aquí me estoy, y yo no supe que volvería a esta puerta sin brazo válido, sin mano dura y sin la voz que mi voz era. Que guardianes no me verían ni oiría su oreja sierva, y sus ojos no entenderían que soy íntegra y verdadera. Que anduve lejos y que vuelvo y que yo soy, si hallé la senda, me sé sus nombres con mi nombre y entre puertas hallé la puerta. ¡A buscar lo que les dejé, que es mi ración sobre la tierra, de mí respira y a mí salta, como un regato, si me encuentra! A menos que él también olvide y que tampoco entienda y vea mi marcha de alga lamentable que se retuerce contra su puerta. Si sus ojos también son esos que ven solo las formas ciertas, que ven vides y ven olivos y criaturas verdaderas.
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