Tala

59 y pensó que me abrazaba en antojo de mi sombra. Está muerta y todavía juega, mañosa a mi copia, y la gritan con mi nombre los que la giran en ronda… Veo de arriba su red y el cardumen que desfonda; y yo liberada, río perdiendo al corro que llora. Siento un oreo divino de espaldas que el aire toma y de más en más me sube una brazada briosa. Llego por un mar trocado en un despeño de sonda, y arribo a mi derrotero de las divinas personas. En tres cuajos de cristales o tres grandes velas solas, me encontré y revoloteo en torno de las gloriosas. Cubren sin sombra los cielos, como la piedra preciosa, y ahora sin sombra bailo los cielos como mis bodas…

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