Tala

28 Acaba de llegar, Cristo, a mis brazos, peso divino, dolor que me entregan, ya que estoy sola en esta luz sesgada y lo que veo no hay otro que vea, y lo que pasa tal vez cada noche no hay nadie que lo atine o que lo sepa, y esta caída, los que son tus hijos como no te la ven, no la sujetan, y la pulpa de sangre no reciben, ¡de ser el cerro soledad entera y de ser la luz poca y tan sesgada en un cerro sin nombre de la tierra! Año de la Guerra española

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