Tala

27 Nocturno del descendimiento A Victoria Ocampo Cristo del campo, «Cristo de Calvario» * vine a rogarte por mi carne enferma; pero al verte mis ojos van y vienen de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza. Mi sangre aún es agua de regato; la tuya se paró como agua en presa. Yo tengo arrimo en hombro que me vale, a ti los cuatro clavos ya te sueltan, y el encuentro resulta recogerte la sangre como lengua que contesta, pasar mis manos por mi pecho enjuto, coger tus pies en peces que gotean. Ahora ya no me acuerdo de nada, de viaje, de fatiga, de dolencia. El ímpetu del ruego que traía se me dobla en la boca pedigüeña, de hallarme en este pobre anochecer con tu bulto vencido en una cuesta que cae y cae y cae sin parar en un trance que nadie me dijera. Desde tu vertical cae tu carne en cáscara de fruta que golpean: el pecho cae y caen las rodillas y en cogollo abatido, la cabeza. * Nombre popular de los cerros que tienen un crucifijo en Europa.

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