Tala

26 Taladrada por la corneja que en la rama seca fingía la vertical del ahorcado con su dentera de agonía. Arreada por el Maligno que huele al ciervo por la herida, y le ofrece en el humus negro venda más negra todavía. Venda apretada de la noche que, como a Antero, cerraría, con lana negra de la nada, la boca de las elegías. Noche en que la divina hermana con la montaña se dormía, sin entender que los que aman se han de dormir viniendo el día. Como esta noche que yo vivo la de José Asunción sería.

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