Tala

240 la preciosa palabra sino como la oí entonces a mis camaradas de juego. La feliz criatura que inventó la expresión donosa y la soltó en el aire, vio el contenido de ella en plura- lidad, como una especie de gajo de uvas o de puñado de algas, y en plural la dio, puesto que así la veía . El sentido de la palabra en la tierra mía es el de suerte, hallazgo o regalo . Yo corrí tras la albricia en mi valle de Elqui, gritándola y viéndola en unidad. Puedo corregir en mi seso y en mi lengua lo aprendido en las edades feas —adolescencia, juventud, madurez—, pero no puedo mudar de raíz las expresiones recibi- das en la infancia. Aquí quedan, pues, esas albricias en singular… «Recados» Las cartas que van para muy lejos y que se escriben cada tres o cinco años, suelen aventar lo demasiado temporal —la semana, el año— y lo demasiado menudo —el natalicio, el Año Nuevo, el cambio de casa. Cuando se las escribe sobre el rescoldo de una poesía, sintiendo todavía en el aire el revoloteo de un ritmo solo a medias roto y algunas rimas de esas que llamé entrometidas, en tal caso, la carta se vuelve esta cosa juguetona, tirada aquí y allá por el verso y por la prosa que se la disputan. Además, la persona nacional con quien se vivió (personas son siempre para mí los países) a cada rato se pone delante del destinatario y a trechos lo desplaza. Un paisaje de huertos o de caña o de cafetal,

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