Tala

241 tapa de un golpe la cara que teníamos a la vista y a la que sonreíamos; un cerro suele cubrir la casa que estábamos mirando y por cuya puerta la carta va a entrar, llevando su manojo de noticias. Me ha pasado esto muchas veces. No doy por novedad tales caprichos o jugarretas: otros las han hecho y, con más pudor que yo, se las guardaron. Yo las dejo en los suburbios del libro, fuora dei muri, como corresponde a su clase un poco plebeya o ter- cerona. Las incorporo por una razón atrabiliaria, es decir, por una loca razón, como son las razones de las mujeres: estos «Recados» llevan el tono más mío, el más frecuente, mi dejo rural con el que he vivido y con el que me voy a morir.

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