Tala
239 «La sombra» Ya otras veces ha sido, para algún místico, el cuerpo la sombra y el alma, la «verdad verídica». Como aquí. «Poeta» La poesía entrecomillada pertenece al orden de las que en conjunto podrían llamarse La garganta pres- tada como «Viejo León» y «Jugadores». A alguno que rehuía en la conversación su confesión o su anéc- dota, se le cedió filialmente la garganta. Fue porque en la confidencia ajena corría la experiencia nuestra a grandes oleadas o fue sencillamente porque la con- fidencia patética iba a perderse como vilanos en el aire. Infiel es el aire al hombre que habla, y no quiere guardarle ni siquiera el hálito. Yo cumplo aquí, en vez del mal servidor… «Albricias» Albricia mía: en el juego de las albricias que yo jugaba en mis niñeces del valle de Elqui, sea porque los chilenos nos evaporamos la s final, sea porque las albricias eran siempre cosa en singular —un objeto escondido que se buscaba—, la palabra se volvía una especie de sustantivo colectivo. Tengo aún en el oído los gritos de las buscadoras y nunca más he dicho
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