Tala

217 Recado para las Antillas La isla celebra fiesta de la niña. El trópico es como Dios absoluto y en esos soles se muere o se salva. Anda el café como un alma vehemente; en venas anda de valle o montaña y punza el sueño de niños oscuros: hierve en el pan y sosiega en el agua. De leño tiene su casa la niña y llega el viento del mar a su cama; abre en truhan con olor de plantíos y entran en él toronjales y cañas. La niña lee un poema de Blake y de San Juan de la Cruz una estancia, cuenta sus años y saltan los veinte como perdiz al mirar su nidada… Se los sabía y no los sabía; en huevos de oro le colman la falda: cuando pasea son veinte flamencos; cuando conversa son veinte calandrias. Ella se acuerda de Cuba y Castilla, de adolescencias de ayer y de infancias. Niña jugó bajo un árbol del pan y amó de amor en las Córdobas blancas.

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