Tala

213 Yo soñaba una higuera de Elqui que manaba su leche en mi cara. El paisaje era seco, las piedras mucha sed y la siesta, una rabia. Me he despertado y me ha dicho mi sueño: «Lindo suceso camina a tu casa». Ahora les escribo los encargos: no me le opriman el pecho con faja. Llévenla al campo verde de Aconcagua, pues quiero hallármela bajo un aromo en desorden de lanas, y como encontrada. Guárdenle la cerilla del cabello, porque debo peinarla la primera y lamérsela como vieja loba. Mézanla sin canto, con el puro ritmo de las viejas estrellas. Ojalá que hable tarde y que crezca poco; como la manzanilla está bien. Que la parturienta la deje bajo advocación de Marta o Teresa. Marta hacía panes para alimentar al Cristo hambreado y Teresa gobernó sus monjas como el viejo Fabre sus avispas bravas… Yo creo volver para Pascua en el tiempo de tunas fundidas y cuando en vitrales arden los lagartos.

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