Tala
137 Di la confesión para irme con ella y dejarte puro. No volverás a ver el semblante que miras ni oirás más la voz que te contesta y volverás de nuevo a ser ligero, al bajar las pendientes y al subir las colinas, y besarás de nuevo sin zozobra y jugarás con tu hijo en unas peñas de oro. II Ahora tú echa yemas y vive días nuevos y que te ayude el mar con yodos. No cantes más canciones que supiste ni nombres los pueblos ni mientes los valles que conocías ni sus criaturas. Vuelve a ser el delfín y el buen petrel loco de mar y el barco empavesado. Pero siéntate un día en otra duna, al sol, como me hallaste, cuando tu hijo tenga ya treinta años, y oye al otro que llega, cargado como de alga el borde de la boca. Pregúntale también con la cabeza baja, y después no preguntes, sino escucha tres días y tres noches. ¡Y recibe su culpa como ropas cargadas de sudor y de vergüenza, sobre tus dos rodillas!
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