Ternura

176 escritura que bien puede tratarla «con el pie». (Acaso por haber sido tan despreciados los textos será que la música criolla corre cabalgando sobre unas letras tan bobas o cursis). *** Me conozco, según decía, los defectos y los yerros de cada una de mis meceduras orales , y sin embargo las di y las doy ahora todas, aunque sepa que las com- plejas y manidas debieron quemarse por abortadas. Una vez más yo cargo aquí, a sabiendas, con las ta- ras del mestizaje verbal... Pertenezco al grupo de los malaventurados que nacieron sin edad patriarcal y sin Edad Media; soy de los que llevan entrañas, rostro y expresión conturbados e irregulares , a causa del injerto; me cuento entre los hijos de esa cosa torcida que se llama una experiencia racial, mejor dicho, una violen- cia racial . Sigo escribiendo «arrullos» con largas pausas; tal vez me moriré haciéndome dormir, vuelta madre de mí misma, como las viejas que desvarían con los ojos fijos en sus rodillas vanas, o como el niño del poeta japonés que quería dormir su propia canción antes de dormirse él... Pudieran no servir a nadie y las haría lo mismo. Tal vez a causa de que mi vida fue dura, bendije siem- pre el sueño y lo doy por la más ancha gracia divina. En el sueño he tenido mi casa más holgada y ligera, mi patria verdadera, mi planeta dulcísimo. No hay pra- deras tan espaciosas, tan deslizables y tan delicadas para mí como las suyas.

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