Desolación
88 Porque me das, Padre, en la faz la gracia de la nieve recibir y por el ver la tarde arder: ¡por el encantamiento de existir! Por el tener más que otro ser capacidad de amor y de emoción y el anhelar, y el alcanzar ir poniendo en la vida perfección. Padre, para ir por el vivir, dame tu mano suave y tu amistad, pues, te diré, sola no sé ir rectamente hacia tu claridad. Dame el saber de cada ser a la puerta llamar con suavidad, llevarle un don, mi corazón, ¡y nevarle de lirios su heredad!
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